
Apuntes espirituales
Consideraciones personales fruto de la meditación y de la oración, del trato con el Señor.
No sabes a ciencia cierta su origen, supongo que el Espíritu, pero me han ayudado en el camino de mi fe, consolidado mi esperanza y me han permitido darme cuenta de que, aunque somos los protagonistas de nuestra vida, esto no va de nosotros, sino de aquellos que se nos han encomendado.
Presta atención
Ninguna escuela filosófica, ninguna ideología, puede sustentar nuestra vida sin llevarnos al desengaño y la frustración porque tienen su origen en el pensamiento de personas, necesariamente limitadas. Por tanto, en el mejor de los casos, proceden de medias verdades.
Sólo la experiencia del encuentro personal con el aquel que es Camino, Verdad y Vida puede transformar una vida entera y hacerla plena.
¿Quién es Dios?

Dios es la causa de que haya algo en lugar de que no haya nada. El responsable de todo lo que existe, EL QUE ES EN SI MISMO.
Las pruebas de Su existencia la tenemos ante nosotros y las percibimos en todos los aspectos de la vida, si la vivimos con ojos reverentes. Como científico, lo compruebo cada día en la enorme complejidad de las interacciones biológicas, injustificables por el simple azar o como resultado de una fuerza evolutiva ciega.
Dios existe fuera de las coordenadas espacio-tiempo, no es parte del Universo. No podemos definirlo, imaginarlo, ni acceder a su esencia. No podemos exigirle nada. Sólo si se revelase a si mismo, si se hiciese comprender hasta donde puedan comprender las criaturas creadas, podríamos saber algo sobre su relación con nosotros.
Deposité mi confianza entera en que ese Dios se reveló en la persona de Cristo encarnado, muerto y resucitado. Algo que, a priori, hay que reconocer que parece absurdo. Pero fue un hecho histórico demostrable. Y comprobé que sólo así podría entender, con mis limitaciones, todo lo que se nos permite sea comprensible por una criatura creada.
Y entendí que es un ser personal y, como tal, sólo sólo podemos saber de Él aquello que nos revela sobre si mismo. Y dadas nuestras capacidades, nos revela sólo lo que podemos entender. Y para que pudiésemos entenderlo de la mejor forma posible, se encarnó, se humanizó, porque como Dios, podía hacerlo. Y Cristo pasó por el mundo haciendo el bien, curando todo mal físico, psíquico y espiritual y predicando la Buena Noticia, el Evangelio, que se podría resumir para mi, si se me permite, en dos mensajes: que somos hijos de Dios y cuáles son los requisitos para ser bienaventurados, santos. Ambos una misma cosa.

Hijos de Dios.
Somos Hijos de Dios en Cristo. Dios es nuestro padre y como tal, siendo todopoderoso, omnisciente y omnipotente, nos ama como sólo Él puede amar. Eso nos da seguridad y confianza, eso nos obliga a ser respecto a Él como niños pequeños que van comprendiendo poco a poco, si es que somos capaces.
Enséñanos a orar, le preguntaron, y les enseño a rezar tal como Él hacía, les enseño el PADRENUESTRO, su propia oración.

Padrenuestro.
Decid así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino. Reconocemos a Dios como existente fuera del Universo en un lugar, no físico, que llamamos cielo. Fuente de toda santidad y todo valor. Su reino está aquí, en nuestro interior, en virtud de Su palabra que es capaz de desplegarse en nosotros. Un reino de amor que se expresó de manera asombrosa en la encarnación, vida, muerte y resurrección del Señor.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Debe ser nuestra INTENCIÓN FUNDAMENTAL, expresión de que su reino está en nosotros.
Danos hoy nuestro pan de cada día. Cuida de nuestras necesidades y danos el PAN DE VIDA que es el mismo Cristo en la Eucaristía. Por que sin Él, no podemos hacer nada.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Es la única afirmación que es condicional. Si el Señor perdona nuestro pecados, es porque le ofendimos a El. Por eso nos redimió a través de su propio sacrificio en el Calvario y perdona nuestras ofensas, que siempre son faltas de amor, a través de sus sacerdotes, que actúan en su nombre. Y sólo si somos conscientes de nuestra necesidad de ser salvados entenderemos su importancia. Y es uno de los principales motivos por los que soy católico.
No nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal. El mal último, el peor de todos los males, es el pecado por lo que supone de desagradecimiento hacia nuestro Padre y falta de caridad hacia los demás. Y la tentación permanecerá siempre porque, en caso contrario, no podría haber progreso espiritual. ¡Es una guerra! Y por eso nuestro Salvador sufrió el tormento del calvario.
La secuencia.
En mi opinión, se trata de una secuencia en la que el orden importa. Sólo nos podrá librar de todo mal, respetando nuestro libre albedrío, si se dan antes todas las condiciones: reconocer a Dios como Padre y fuente de toda santidad, digno de alabanza; dejando que Su reino se despliegue en nuestro interior en comunión con Él; haciendo Su voluntad en la tierra y, como consecuencia, perdonando a los que nos ofenden. Así nos lo enseñó el Señor con su entrega completa a la voluntad del Padre hasta la muerte.
Bienaventurados.
Es la sublimación de la Ley natural que hay en nuestro interior. Su vida fue un ejemplo, también la de nuestra madre, la Virgen María. En realidad, son las condiciones de la santidad, de la mejor versión posible del ser humano.
Por eso, y por todo lo que he vivido, soy católico.