Los principios que deben respetarse en la Medicina surgen del hecho de tratar con personas en una relación asimétrica.
La práctica médica no puede estar separada de la moralidad de las acciones médicas. El profesor Josef Seifert, establece en su libro Las enfermedades filosóficas de la Medicina y su cura (2004, Springer), los siete fines o bienes que los médicos deberían comprometerse a defender.

La vida humana
El primer objetivo de la Medicina no es la salud, sino salvar o mantener la vida humana, poseedora de una dignidad intrínseca, como condición de todo bien, incluida la salud.
Para ello identificaríamos 3 actos legítimos:
- Los actos relacionados con traer al mundo una vida humana.
- Las medidas de prevención y profilaxis dirigidas a proteger la vida de enfermedades que sean susceptibles de prevención o protección.
- Los actos destinados a salvar vidas en peligro inminente.
No obstante, no se puede considerar este bien absoluto de forma aislada. Siempre es contextual a otros valores y bienes relacionados con la persona. Por ello, no todos los medios posibles son moralmente admisibles. Por ejemplo, no deberíamos contribuir a la destrucción de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte, ni permitir un encarnizamiento terapéutico para mantener artificialmente una vida humana.

Salud física y mental
Aunque esta es una finalidad evidente, la definición de salud de la OMS como ‘el completo bienestar físico, mental y social’, deja muy abierta la cuestión sobre qué se entiende por salud. De hecho, queda sujeta a una contaminación subjetivista o relativista al ir el concepto de ‘bienestar’ y ‘social’ más allá del de enfermedad. Los médicos no nos dedicamos a la solución de las desigualdades económicas, aunque podamos contribuir personalmente.De aquí surgen problemas éticos relacionados con la demarcación de hasta qué extremo es algo un bien que proteger y cuál es el rango que este valor ocupa respecto a otros con los que puede entrar en colisión. Es el caso, por ejemplo, de la fluctuante identidad sexual y el impacto irreversible de las cirugías de transición.

Lucha contra el dolor y el sufrimiento
No se refiere sólo al control y alivio del dolor, sino también, en un ámbito más extenso, a otras situaciones que generan sufrimiento a los pacientes y de las que se ocupa la medicina paliativa.
Nuestras acciones deben ser mesuradas para evitar provocar sufrimiento alguno sin obtener un beneficio que sea considerado mayor para el paciente.

La vida consciente como base de la dignidad humana.
Es la base de todo conocimiento, de la experiencia, de las acciones intencionales y la condición de todos los bienes de los que una persona puede ser consciente. Sin la consciencia, no es posible vida racional, intelectual, volitiva y afectiva. Además, es la puerta a través de la cual entramos en contacto con cualquier realidad, incluidas las relaciones humanas.
El médico debe servir a la vida consciente del hombre, dentro de los límites de su arte, no solo apartando las experiencias negativas (dolor, sufrimiento, trastornos psiquiátricos) o promoviendo las experiencias positivas de bienestar, sino también preservando o restaurando la conciencia sin la cual el hombre no puede vivir una vida completa y despierta.
Sin esta, por ejemplo, no puede afrontar la experiencia propia de la enfermedad y de la muerte y poder vivirlos de forma correcta.
Por ello, sólo es éticamente admisible privar a un paciente de la conciencia por un bien mayor, como son los casos de una anestesia general para llevar a cabo una cirugía o la sedación de pacientes con ventilación mecánica en las UCIs.

La integridad del cuerpo humano, de su forma y de su valor estético
El respeto a la integridad de la forma del cuerpo humano es un objetivo importante no sólo porque con ello se hace posible llevar a cabo determinadas funciones corporales, sino también porque mantiene intacta la belleza de la forma humana, por su valor estético, independiente de los cánones estéticos de cada época.
Por lo tanto, se deben prevenir o restaurar todo tipo de deformidades producidas por enfermedades o traumatismos de diversa índole.
Hoy en día, el auge de la cirugía plástica parece ir más allá de la restauración de la forma de la cara y del cuerpo. Vemos que, con frecuencia, está sujeta a deseos subjetivos que van más allá de lo prudente por lo que, en ese sentido, no puede ser considerado un bien básico de la Medicina. De hecho, pueden incluso ser llevadas a cabo por motivos relacionados con trastornos psicológicos o, incluso, para fines criminales.

El bien general y espiritual del hombre y su vocación como un fin trascendente
Los médicos y otros profesionales deben responder al bien personal del ser humano que consiste en su vocación última. Incluso, algunos de estos pueden estar directamente encomendados al cuidado médico como es el caso de algunas situaciones tratadas por los psiquiatras.
Los médicos deben respetar este bien trascendente del paciente, que incluye su integridad moral y sus creencias religiosas, en el proceso de sus cuidados. Debe ser un principio regulador de las acciones médicas hasta el punto de tener que limitar o evitar el cumplimiento de ciertos deseos del paciente que claramente violan este bien moral relevante.
Obliga al médico a reconocer los límites de su arte en el respeto al más alto bien del paciente. Aquí se incluye el respeto a la verdad y la veracidad por parte del médico en las relaciones con el paciente, fundamento de las decisiones compartidas, así como el respeto al secreto profesional y a la intimidad.
La relación entre el médico y el bien absoluto que es Dios es fácil de entender en este contexto, no solo desde la perspectiva de la creencia religiosa. Muchos actos específicamente religiosos como por ejemplo la oración, o el ofrecimiento de nuestras acciones, tienen a Dios como su fin último. La perspectiva de la misión y visión del médico son percibidas de forma radicalmente diferente cuando el profesional es consciente de su situación metafísica en un contexto religioso.
Esto implica poseer un profundo conocimiento del ser humano, de su dignidad, y exige un trato cercano y una comunicación apropiada con los pacientes para poder así conocer cuáles son sus valores y preferencias.

La visión religiosa del médico y de los bienes de la Medicina
La motivación religiosa del médico no desnaturaliza su actividad médica ni su profesionalismo. La influencia de virtudes de base religiosa, como la caridad y la misericordia, no modifican negativamente ninguna de las virtudes naturales del médico descritas por Hipócrates. Al contrario, frecuentemente las transfigura, las sobrenaturaliza, elevando la relación a un nivel superior que mejora el acompañamiento y la compasión, sin interferir en su desempeño técnico. En última instancia, para un médico cristiano, considerar al paciente como el mismo Cristo sufriente, genera responsabilidades y añade siempre connotaciones positivas y trascendentes a esa relación.
La figura del Cristo médico-redentor del Evangelio, que cura las enfermedades corporales, mentales y espirituales y que, a través de su muerte y resurrección, procura la salud última no sólo de los pacientes sino de la humanidad entera, librándola del yugo de la muerte, fue un arquetipo del médico en la Edad Media cristiana. Bajo esa inspiración se construyeron buen número de hospitales y se desarrollaron escuelas médicas.
Tratar con la debilidad, el dolor, el miedo y la esperanza de personas te interpela y exige de ti la excelencia.