
Virtudes para el trabajo en equipo y el liderazgo profesional en Medicina
Mi experiencia me ha demostrado que el trabajo en equipo en el ámbito médico requiere la puesta en práctica de ciertas virtudes humanas y el desarrollo de cualidades que permiten obtener resultados colectivos. Una pieza clave es el sentimiento de pertenencia al grupo, que depende en buena medida del entorno y del liderazgo que ejerce quien lo coordina.
El buen desarrollo de este “círculo del equipo” es la base del verdadero LIDERAZGO PROFESIONAL.
La condición mínima: la competencia profesional
Para pertenecer a un equipo, la competencia profesional básica es indispensable. Es necesario contar con la capacitación suficiente para no sobrecargar al resto del grupo. Esta competencia es el punto de partida: sin ella, no es posible aportar ni crecer dentro del equipo.
Valores que sostienen el trabajo en un equipo médico
Aunque hay múltiples valores importantes —como la asertividad, la comunicación, el respeto o la laboriosidad—, hay ciertas virtudes clave que, en mi experiencia, son determinantes para ejercer un liderazgo natural y efectivo dentro del grupo.
Humildad
Es la primera, la más valiosa y la más difícil de alcanzar. La humildad no se consigue plenamente nunca; es más bien una actitud permanente de búsqueda. Es especialmente difícil de conservar cuando se tiene un alto nivel de capacitación técnica, como ocurre sobre todo en las especialidades quirúrgicas.
Cuando comencé mi formación como residente de Urología me presenté a mi jefe llamándole de usted, por respeto y porque era una personalidad relevante. Desde el primer momento me pidió que le tutease. Como era algo que me costaba mucho me insistió y me dijo, más o menos, lo siguiente: ‘mira Bernardino, ahora me llamas de usted y crees que el doctor Leiva es el mejor urólogo del mundo, alguien de quien puedes aprender. Cuando lleves 5 años aquí y estés terminando la residencia, me llamarás de tu porque pensarás que sabes más que yo. No lo olvides’. Aquella profecía se cumplió con la precisión de un reloj suizo. Posteriormente, cuando dejé el periodo de residencia y las cosas pasaron a depender de mí mismo, me dí de bruces con la realidad de todo lo que me faltaba por aprender y adquirir. Esa enseñanza me hizo entender que la humildad surge cuando uno se reconoce como un eterno aprendiz. En un equipo, ser humilde implica aceptar que siempre puedes aprender de los demás —con sus aciertos y errores—, y que cuanto mayor sea tu nivel de responsabilidad, mayor es también tu obligación de servir al grupo.
Disponibilidad
La disponibilidad dentro del grupo es fundamental. Los equipos médicos requieren personas dispuestas a colaborar sin excusas, ya sea para asistir a un quirófano, pasar consulta, cubrir una guardia o responder ante una urgencia. Esta disponibilidad debe expresarse de forma natural, sin alardes ni comparaciones.
Concordia
La concordia es una actitud que promueve la armonía en las relaciones. En cualquier grupo humano surgen conflictos, pero mantener o restaurar la concordia es una responsabilidad de todos. Esto requiere justicia como paso previo. Una amenaza frecuente para la concordia es el chismorreo y la crítica destructiva entre compañeros: una forma de veneno que debilita la cohesión del grupo, lo fragmenta y finalmente impacta negativamente en la atención al paciente.
Lealtad
La lealtad es una virtud indispensable. Implica asumir colectivamente lo que sucede dentro del grupo y fomentar una conciencia real de pertenencia. Las deslealtades son profundamente dañinas y, a menudo, irreversibles. La lealtad también supone confiar en los compañeros, ayudarlos a mejorar sin juzgar, y acompañarlos incluso en sus errores. Tiene una doble dimensión: hacia cada persona y hacia el grupo en su conjunto.
Competencia profesional (como consolidación)
Aunque mencionada al principio como condición mínima, aquí se vuelve a destacar porque es la consolidación permanente del círculo anterior. En los equipos médicos —formados por personas altamente capacitadas— la competencia profesional es indispensable. Las diferencias de experiencia son naturales, especialmente con miembros en formación, pero la actitud hacia la capacitación continua debe ser innegociable.
Cuando alguien no alcanza el nivel mínimo esperado y, además, muestra una actitud pasiva ante su mejora, el grupo lo percibe y suele generar rechazo, aunque no siempre se verbalice.
El verdadero liderazgo médico se construye con virtudes
Estoy convencido de que cuando una persona es humilde, leal, disponible, competente y actúa siempre buscando la concordia, se gana el respeto de su entorno. Y cuando eso ocurre de forma sostenida, el liderazgo llega de manera natural. Esa persona terminará liderando el grupo, no por imposición, sino por reconocimiento.

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