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En mi vida profesional como médico, descubrí que sin un propósito trascendente, la rutina y las exigencias diarias podían acabar en frustración. Comprendí que mi vocación médica no era simplemente una profesión, sino una misión única que me ha sido confiada. Y entendí que esa misión tenía un sentido que iba más allá de lo inmediato: estaba al servicio de algo mayor que yo mismo.

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