Elevar las relaciones personales a ámbitos más ricos
Las relaciones personales y la amistad en particular, exigen de nosotros una disposición. Estar convencidos de que podemos dar algo bueno y a su vez recibirlo. Compartir, comprender, entender.
Es posible una relación de intercambio que enriquezca y trate de generar una unión específica a un nivel superior. En todo caso, siempre podemos escuchar, aunque no siempre podemos ayudar. Siempre podemos dar razón de esperanza en el Señor.
Porque UNA COSA ES LA CERCANÍA Y OTRA EL ENCUENTRO como subraya Alfonso López Quintás. La cercanía es solo vecindad, algo físico. El encuentro exige comunicación, dar y recibir posibilidades compartidas que puede generar unidad, que pueden llevar a la comunión. Es un estado de enriquecimiento mutuo que surge cuando dos personas intercambian posibilidades, de forma desinteresada y despragmatizada, con generosidad.
Igualmente pasa en el trato con el Señor. Podemos estar cerca físicamente pero no crear una relación significativa. Y si no la establecemos, no le amamos. Y si no le amamos, no haremos su voluntad. Y si no hacemos su voluntad estamos perdidos y, seguramente, no nos hemos dado ni cuenta.
Todas nuestra relaciones personales pueden ser elevadas hacia intercambio que nos hagan mejores a ambos
Conoce al otro
Me importa el destino de otros
De 100 almas, te deben interesar las 100.
Lo importante son siempre las personas
No te pierdas en ti mismo, en el ruido de tu interior.
