De política y realidad

Extraño mundo este en el que  los dirigentes políticos mundiales están cada vez menos preparados, poseen principios más laxos y toman decisiones que afectan a millones de personas. La historia nos habla claro y con voz alta de los efectos de las dictaduras a la sombra terrible de líderes identificables. No han pasado aun 100 años. Hoy en día, ya no existen personalidades fuertes capaces de influir en las masas. Son líderes borrosos, melifluos, que se alternan en el poder de Estados cada vez más débiles y dependientes de factores económicos externos. Hoy, es la dictadura de lo políticamente correcto la que trata de amordazar a los ciudadanos creando un pensamiento único dictado desde instancias, con frecuencia nada claras, con la finalidad de limitar la libertad individual en función de intereses oscuros.

Con frecuencia, la enorme distancia entre la realidad y lo que nos presentan como tal es evidente. En otras ocasiones, no está tan claro y son los medios de comunicación social, que llegan con inmediatez a las masas, los que actúan como armas eficaces del engaño. No vivimos tiempos de guerra pero sí tiempos convulsos que pueden llevar a consecuencias peores al hacer que las personas, diluidas en lo relativo, no sean capaces de distinguir los tres atributos del bien: lo bello, lo bueno, lo verdadero. El resultado será la degradación progresiva de lo humano que se traducirá en un acento en lo que nos separa, en un aumento del odio entre las personas.