Memoria histórica

Resulta asombroso constatar que la percepción de nuestra realidad histórica actual sea tan diferente entre las personas debido al sesgo que producen las ideologías. Sólo hay una realidad pero suscita diferentes interpretaciones. ¿Cómo va a ser posible conocer la realidad pasada sin sesgos? ¿Es posible una historia objetiva y fiel?

Sin embargo, es necesario conocer nuestra historia porque somos sus hijos, sus nietos,… sus descendientes. Somos parte del hilo temporal de la historia de la humanidad y tenemos una misión que cumplir en nuestra época cuyo éxito depende, en buena parte, de que sepamos interpretar las coordenadas en las que nos desenvolvemos.

Da pena constatar la falta de interés de las nuevas generaciones por conocer, con la máxima objetividad posible, su propia historia. No es verdad que sean las más preparadas. Son las más ideologizadas porque en un mundo donde la realidad se afronta de forma superficial, con prejuicios y prisas,  son víctimas de los eslóganes fáciles, de ideologías rancias o absurdas que se imponen desde el poder o grupos de interés sin ser cuestionadas. Se aceptan las consignas porque les hacen sentirse reconocidos por parte de grupos afines, para no significarse contra lo políticamente correcto, para igualarse en clase social o, simplemente, porque es lo más cómodo.

Necesitamos aprender del pasado a través de hechos incontrovertibles y la única memoria que debe quedar viva es la de nuestros héroes, aquellos que encarnaron los mejores valores de una época… aunque esta los ignorase.