Derechos humanos

Vivimos en un mundo que nos importa, ante el que no podemos ser indiferentes. Hay enfermedades que afectan al cuerpo, otras al espíritu y hay una dimensión social del ser humano que lo hace susceptible de ser infectado por ideologías perversas que lo destruyen, a veces desde la buena voluntad. Es esta dimensión social la más mortífera, la más dañina, ya que el orden de las víctimas potenciales es de cientos, miles, cientos de miles, millones… Y ya se sabe que, como dijo uno de sus más claros exponentes, cuando afecta a tantos es sólo ‘estadística’.

Detrás de esas situaciones que llevan a la injusticia, el dolor y la muerte, están los intereses de los estados, de los grupos de poder y las ideologías perversas que oprimen y manipulan a las personas de buena voluntad. Sus armas son la violencia, la manipulación de la economía, la ignorancia de la sociedad y el pseudopensamiento superficial conformado a base de eslóganes los suficientemente elaborados a partir de medias verdades como para hacerse verosímiles.

En definitiva, la causa última es la exclusión de Dios y de aquellos valores que nos reveló, que nos hacen hermanos, iguales en dignidad, independientemente de nuestra capacidad de valernos por nosotros mismos, es decir, desde nuestra concepción hasta nuestra muerte.