Sociedad

Vida en sociedad

Vivir en sociedad es convivir en paz, concordia y respeto a las opiniones de los demás en la búsqueda permanente de un mundo mejor, más justo. Es construir sobre lo ya construido que ha configurado nuestra historia y nuestra cultura. Hay un patrimonio común que no nos es lícito destruir. Son nuestro cimientos y costó mucha sangre. Es huir de etiquetas y eslóganes fáciles que simplifican y dividen a las personas.

El Estado encarna la soberanía y es portador del derecho cuya finalidad es proteger la vida, la libertad de las personas y la propiedad. Sus fines nunca serán meramente económicos como algunos sugirien.

El Estado no es una máquina ajena a nosotros que funciona a ciegas. Es una de las más altas creaciones de la humanidad. No es un ente externo sino que surge de las obras libres de cada uno de nosotros. Nosotros hacemos el estado. Por eso, no podemos permitir que se deteriore y se apropien intelectual y materialmente de lo que somos todos, atentando contra las libertades individuales.

El núcleo de la sociedad es la familia. Ahí crecemos, nos desarrollamos y aprendemos las normas de convivencia mínimas. Es idealmente un crisol de valores que se traslada a nuestra vida adulta. De familias desestructuradas nacen personas socialmente enfermas y personas acomplejadas que trasladan sus perversiones y complejos a los que los rodean.

Los gobernantes deben tener sentido de estado, gobernar para todos, y encarnar unos valores morales que los legitimen como representantes de toda la sociedad. No, no puede cualquiera llegar a ejercer la jefatura de un estado.

Las principales amenazas contra una vida en comunidad son los estados totalitarios dominados por ideologías perversas (comunismo, nacionalismo), la deficiente formación personal, el capitalismo atroz, los populismos y lo que se está convirtiendo en un ‘sistema parásito’ constituido por todos aquellos que viven exclusivamente de la política, directa o indirectamente, que son sostenidos por los indiferentes ciudadanos de la clase trabajadora.

El pueblo nunca habla por la boca de un individuo aislado sino a través de la multiplicidad de concepciones vivas de personas dotadas de firmes convicciones orientadas al bien común

Romano Guardini

Un país extraordinario

España es un país que ha jugado un papel decisivo en la historia de la humanidad para bien, aunque rivales externos y acomplejados internos hayan intentado denostarlo.

Tenemos una de las historias más asombrosas y extraordinarias de cuantas han existido. España miró hacia sí mismo y hacia afuera. Extendimos una cultura que no tenía que envidiar a ninguna otra. Construimos universidades, hospitales, nos mezclamos con las razas, difundimos una fe que dio sentido y vida eterna a muchas almas. Cometimos errores como todos.

Tenemos una de las lenguas más hermosas y difundidas del mundo, que ha servido como vehículo de entendimiento y de desarrollo cultural.

Un país que ha dado vida a Cervantes, Gaudí, Elcano, Hernán Cortés, Ausias March, Santa Teresa, San Ignacio, Cajal, Picasso, Falla, Granados, Albéniz, … Esta tierra produce talento sin cesar.

Un país que cuando se propone competir deportivamente, independientemente de la disciplina, individual o colectiva, genera números uno mundiales.

Somos un país con gran talento en manos de mediocres sin formación con capacidad de destruir buena parte de lo que hemos llegado a ser

Anónimo valenciano

Los templos y los tiempos

Nada como viajar a través de la historia de la arquitectura de lo templos para revivir la comunión entre lo íntimo, lo bello y lo trascendente, vivido en comunidad. De ahí surgió buena parte de lo que somos como país.

Nuestro tiempo

Extraño mundo este en el que  los dirigentes políticos mundiales están cada vez menos preparados, poseen principios más laxos y toman decisiones que afectan a millones de personas. Ya no existen personalidades capaces de influir positivamente en las masas. Son líderes borrosos, melifluos, que se alternan en el poder de Estados cada vez más débiles y dependientes de factores económicos externos. Vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto que trata de amordazar a los ciudadanos creando un pensamiento único dictado desde instancias nada claras, con la finalidad de limitar la libertad individual en función de intereses oscuros.

Con frecuencia, la enorme distancia entre la realidad y lo que nos presentan como tal es evidente. En otras ocasiones, no está tan clara y son los medios de comunicación social los que actúan como armas eficaces del engaño. No vivimos tiempos de guerra pero sí una época convulsa que puede llevar a consecuencias peores al hacer que las personas, diluidas en lo relativo, no sean capaces de distinguir lo bello, lo bueno, lo verdadero. El resultado será la degradación progresiva de lo humano.

Mientras quede una mente libre y despierta capaz de entregarse habrá esperanza

… Tenemos miedo de que el bien se torne impotente en el mundo, de que paulatinamente deje de tener sentido perseguirlo con verdad, limpieza, justicia y amor…

Joseph Ratzinger

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