¿Es posible ser ateo?

Hace unas semanas pasamos Teresa y yo una velada muy agradable con viejos amigos a los que hacia tiempo que no veíamos. En la sobremesa, uno de ellos declaró ser ateo y ahí comenzó una respetuosa conversación que se extendió hasta altas horas de la madrugada y ¡qué cortas se hicieron!

Ateo significa no creer en Dios y resulta completamente cierto que hay ateos.No se si más o menos que creyentes aunque lo que parece evidente es que hay más indiferentes o tibios, incluso entre los que afirman ser creyentes. Puestos a elegir, es preferible ser un ateo convencido, militante, que un tibio o indiferente. Uno lucha por entender y buscar su posición en el mundo, el otro ni se lo plantea y malgasta su vida. Uno es honrado consigo mismo y, seguramente, con los demás, el otro no lo podrá ser nunca. Aunque ya se sabe, el problema es que se empieza por no creer en nada y se acaba creyendo en todo. Y es que sólo una cosa une a la postura del ateo y del indiferente: que son falsas. En una te equivocas con un empeño pertinaz y en la otra te despeñas desinteresadamente.
Lo mas dificil de entender para mi es que se pueda ser ateo y estar convencido de ello, es decir, que se tenga una fe ‘razonable’ en que Dios no existe. Sólo es posible si no se busca a Dios honradamente. Por ello, estoy convencido que se trata de un problema de insuficiente reflexión sobre tan decisiva cuestión. Decisiva porque es la única que compromete toda nuestra vida. Es una elección necesaria porque no elegir ya es una elección y puestos a hacerla, mejor no equivocarse pues es la vida entera (y eterna si se cambia el orden de las letras) la que va en ello. De hecho, cierto movimiento ateísta propugnado por Alain de Botton (Religion for Atheists), tras un concienzudo examen de la materia, propone para su difusión copiar los métodos que ‘fidelizan’ a los creyentes: templos, asambleas, liturgias. Sólo hay un problema, y no precisamente de índole menor: que el templo, la asamblea y la liturgia están vacíos y, hasta donde imagino, me parece que es difícil comprometerse seriamente con la nada. Al tiempo. Y es que el hombre puede ser indiferente toda una vida pero deja de ser ingenuo con el tiempo.
Todo en la vida es cuestión de fe y compromiso, por lo tanto, de apuesta y responsabilidad:  tu matrimonio,  tus amigos, tus estudios, tu profesión, tal o cual hipótesis. También respecto a la existencia o no de Dios. Pero esta última cuestión, a diferencia de las demás, siendo la más importante, tendrá su confirmación definitiva tras la muerte. Conceptualmente, no son necesarias pruebas para confirmarlas porque entonces ya no sería fe, aunque es posible esgrimir argumentos a favor de una u otra posición que son tan antiguos como el hombre. Pero el hombre intenta obtener la máxima seguridad posible para comprometerlo todo y puede alcanzar la respuesta por si mismo aquí y ahora, gracias a sus potencias naturales y sobrenaturales. El elemento decisivo para comenzar es considerar cuál de estas dos posturas es más coherente con un destino que haga justicia a la aspiración de todo ser humano: la paz interior y exterior en la tierra y la bienaventurada vida eterna fuera de ella. Y en esto, no cabe duda que sólo una es verdad y es que Dios no sólo existe, pues es el ser en si mismo, sino que, además, le importamos.
Mi asombro procede de que a mi me ocurre todo lo contrario que a mi amigo el ateo aunque creo que él nunca indagó suficientemente en las bases de su fe atea. Cuanto mas Le trato y  mas profundizo en mi fe católica, mas convencido estoy de ella y no soy capaz de encontrar contradiccion alguna. La inquietud surge entonces  en mi interior  por dos motivos: primero porque ya no tiene vuelta atrás, no puedes negar lo que has conocido y experimentado; segundo, porque entonces me veo tal cual soy y comprendo con toda la crudeza la necesidad de ser redimido. Lógicamente, no podemos alcanzar aquí la ansiada certeza, pero no porque no podamos realmente conocerlo sino porque hay potencias del ser humano que no hemos alcanzado. Algo que se nos escapa de la misma forma que un gusano de seda que se desliza sobre una hoja de morera supongo que lo ve todo verde pero solo necesita convertirse en mariposa y volar para ver otro mundo que, por supuesto, ya estaba ahí. Metamorfosis le llaman a esto, pasar del hombre viejo al hombre nuevo en nuestro caso. Y para enseñárnoslo se reveló el mismo Dios de la única forma que podía ser comprensible e imitable para el ser humano: humanizándose.
Yo  tengo muy poco que enseñar. Más bien mucho, demasiado, que aprender para el tiempo que queda. Pero tengo algo que compartir y por ello me he decidido a escribir una serie de entradas en este blog para tratar de hacerlo en la medida en que me sea posible y sepa expresarme.
No intentaré demostrar con la sola lógica que Dios existe y se ha revelado porque, aunque todo a mi alrededor no sólo lo confirma sino que lo anuncia (per visibilia ad invisibilia), podríamos estar despistados, sordos, ciegos o simplemente ser incapaces de captar las relaciones lógicas de las proposiciones. Nadie se ha convertido a base de silogismos. En cambio, todos los que fueron capaces de ‘mover montañas’ e iluminaron y transformaron este mundo, lo hicieron basándose en la experiencia personal del trato con Alguien cuya única motivación es el Amor. Eso les llevó a olvidarse de ellos mismos y dedicarse a los demás, como el Maestro. Muchos sin instrucción alguna, porque para amar no es necesaria.
Contaré pues mi visión, con trazos de experiencia personal, con el ardiente deseo de que alguien de los que lo lea, aunque  sólo sea uno, pueda encontrar alguna vez el tesoro que descubrí, no precisamente por mis méritos, y que supongo algún día me pedirá que venda todo lo que poseo para poder comprarlo.

Autor: bernardinominana

Padre de familia, médico urólogo