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14 enero, 2013

Sostenibilidad de la sanidad pública I. La irresponsabilidad

por bernardinominana

Morales

En pleno conflicto sanitario por la externalización para la gestión privada completa de hospitales en Madrid (lo cual es un grave error que trataré de explicar en otro post), incluyo en esta entrada un artículo mío publicado en el diario La Verdad de Murcia el 1 de julio de 2010. Han pasado más de dos años de la advertencia y ninguno de los partidos en el poder durante este tiempo ha abordado el problema de la sanidad como debe ser, mediante un pacto nacional de sostenibilidad, como se hizo con las pensiones. No sólo no se han implementado las medidas apropiadas sino que en los últimos años se han tomado otras en la dirección opuesta a las que garanticen su supervivencia (creación de nuevos hospitales, incorporación de tecnología no evaluada, incremento de la cartera de servicios, etc.). La equidad en el Sistema Nacional de Salud (SNS), uno de los principios que lo fundamenta, es una falacia ya que estamos ante 17 SNS diferentes. Pasará como con la crisis de deuda. Por no abordar los problemas de forma racional y a tiempo, el sistema caerá y tendremos una sanidad diferente según el poder adquisitivo de los enfermos. Al tiempo.

Creo que la situación es lo suficientemente grave para dedicar un tiempo a analizar la situación actual. Dedicaré varios post a este tema que está generando opiniones contrapuestas, lamentablemente según la ideología del que opina y con poco rigor. ¡No es un tema de ideología, sino de conocimiento, liderazgo y voluntad!

Aquí va el artículo:

‘Una de las consecuencias más importantes de la difícil situación económica actual es la constatación de la difícil sostenibilidad de nuestro modelo de bienestar social en sus términos actuales comenzando por la sanidad pública, uno de los servicios mejor valorados por los ciudadanos en las encuestas.

El sistema vigente ya generaba dudas sobre su viabilidad ‘en tiempos de bonanza’ al experimentar el gasto sanitario un crecimiento anual superior al del PIB. En la actualidad, con un crecimiento del PIB en cifras negativas y un déficit público desbocado, la situación exige la toma de medidas urgentes sobre el control del gasto sanitario y sobre la estructura misma del modelo.
Son múltiples las causas del crecimiento del gasto sanitario: envejecimiento de la población; aumento de la población bajo cobertura por la fuerte inmigración de los últimos años; incorporación de nuevas tecnologías de alto coste; sobreutilización de los servicios sanitarios; fragmentación de la sanidad como consecuencia de las transferencias lo cual supone un desaprovechamiento de economías de escala y multiplicación de gastos por la tendencia a contar con servicios autosuficientes en las diferentes circunscripciones territoriales. Estas, entre otras de menor calado.
Conocido el problema, si queremos mantener un modelo sanitario siquiera similar al actual, hay que emprender reformas urgentes. Es la hora de la responsabilidad que alcanza a todos los agentes y que, de forma diferenciada y sintética, me permito describir.
Las autoridades políticas deben tomar medidas audaces en el contexto de un pacto nacional, al margen de ideologías, para reconducir nuestra sanidad pública hacia un sistema competitivo y sostenible que respete los principios que la inspiran. Hay que incidir en la racionalización del gasto, moderación de la demanda de servicios y en la mejora de los sistemas de financiación. Esto implicará la reunificación todos aquellos servicios y medios que propicien economías de escala y garanticen la igualdad de las prestaciones en todo el Sistema Nacional de Salud.
Actuando sobre la oferta, hay que introducir límites presupuestarios en los centros sanitarios intensificando su autonomía de gestión, aplicando criterios empresariales y externalizando todos los servicios no estrictamente asistenciales; potenciar la gestión clínica, única manera de comprometer a los principales determinantes del gasto; planificar adecuadamente la producción de profesionales sanitarios; limitar el crecimiento de plantillas, de camas, nuevas instalaciones y tecnologías.
Es obligatoria la redefinición del catálogo de prestaciones. A modo de ejemplo: ¿es sostenible sufragar los costes derivados de la realización de vasectomías, sabiendo que la anticoncepción no es un problema de salud? La situación financiera no lo permite y exige centrar los esfuerzos en los problemas de salud reales y relevantes. En esta misma dirección, otro aspecto a reconsiderar es el de las garantías de demora en la atención y en realización de pruebas diagnósticas complementarias. No tiene la misma repercusión en la salud esperar para intervenirse de patologías que no impactan en la supervivencia y en la calidad de vida a corto o medio plazo, que en otras que lo hacen de forma dramática
Actuar sobre la demanda va a suponer la introducción de costes compartidos. Son varias las medidas que pueden incorporarse: gastos deducibles, co-pago, co-seguro, prestación máxima, desembolso directo máximo, facturación extra, precios farmacéuticos de referencia o exclusiones de cobertura. Consideren todas ellas en distintas proporciones, ajustadas al poder adquisitivo, incluido el llamado céntimo sanitario como impuesto indirecto aplicado sobre el consumo.
Desde el punto de vista de los profesionales sanitarios sólo cabe una actitud responsable: producir más, con mayor calidad y a menor coste, incluida nuestra merma de retribuciones. Esto exige a las autoridades sanitarias la creación del ámbito en el que se pueda implementar de forma eficaz: la gestión clínica. El riesgo es la desmotivación y la fuga de los mejores efectivos hacia la atención privada exclusiva.
La sociedad, cuya salud es el objetivo de la atención sanitaria, debe procurar mantener unos hábitos de vida saludables, tomar conciencia de que la sanidad se paga con impuestos y que en sus términos actuales es insostenible y, en consecuencia, asumir gran parte de las medidas aquí descritas, incluidas demoras razonables en la atención.
Por último, nuestro sistema sanitario además de consumir recursos es un gran dinamizador de la economía y genera riqueza. Las empresas proveedoras van a sufrir la escasez de liquidez, incluso comprometiendo su subsistencia, por la disminución de compras, contratos y las demoras en los pagos. También desde esta perspectiva urge la toma de medidas a la par que las citadas empresas deberán acostumbrarse a sobrevivir ajustando al máximo sus márgenes.
Concluyo diciendo que este artículo apela a la responsabilidad de todos desde una perspectiva optimista de la situación ya que parte de la premisa de que el sistema es sostenible, lo cual es discutible.’
Todo esto forma parte del cuerpo de conocimiento que ya poseen los estudiosos y analistas de la sostenibilidad de la sanidad pública. Lo curioso es que está constituido por profesionales de diferente ideología y el acuerdo es prácticamente unánime. Pero los políticos no desean tomar medidas por falta de liderazgo, cobardía, demagogia, desconocimiento… u otros intereses. No hay otra explicación.
Lo dicho, estamos ante una flagrante irresponsabilidad política y las consecuencias las pagaremos todos…o casi todos.

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