Saltar al contenido.

26 enero, 2010

Los bienes que la Medicina debe defender

por bernardinominana

Seifert

26 de enero. Un año más, Dietrich, fiel a la cita. En esta ocasión empujado por ti a la lucha por una medicina fiel a sus fundamentos. ¡Qué misteriosas resultan Sus sendas!

Profundizando en tu legado, a través del Dietrich Von Hildebrand Legacy Project, conocí la existencia de un discípulo y amigo tuyo, el profesor Josef Seifert, Presidente de la Academia Internacional de Filosofía y miembro del council del citado proyecto.

Supe de su interés acerca de la Filosofía de la Medicina y hace algo más de dos años adquirí un libro suyo, no editado en España, titulado ‘Las enfermedades filosóficas de la Medicina y su cura’ cuya lectura me ha permitido ahondar en la importancia de mi profesión y los riesgos a los que está sometida en la actualidad y que afectan a su propia esencia.

En su obra define los 7 bienes que la medicina debe defender:

  • La vida humana, condición de todo bien, cuya dignidad es inalienable y cuya defensa es la razón de ser última de este atípico blog.
  • El mantenimiento o restablecimiento de la salud, concepto este último discutido y discutible.
  • La lucha contra el dolor, el sufrimiento físico en sentido más amplio.
  • El mantenimiento de la vida consciente de la persona, raíz y fundamento  de las capacidades intelectuales, actuales o potenciales, sobre las que descansa lo específico de la dignidad humana.
  • Mantenimiento de la integridad del cuerpo humano, no sólo por su aspecto funcional sino por su valor estético, por resguardar la belleza intacta de la forma humana, independiente de los cánones estéticos dominantes en cada época.
  • El respeto al ‘bien de la persona’ en conjunto, general y espiritual, incluyendo su vocación como objetivo y guía trascendente de sus actuaciones. Muchas dimensiones de este bien personal son relevantes respecto a gran parte de las acciones medicas. El médico debe respetar estos bienes superiores y para ello, muchas veces requiere una relación más profunda y humana con el paciente para poder captarlo y así, cuanto menos, no violarlos. Supone un conocimiento más profundo de la condición humana.
  • Por último, la propia relación específica entre el médico y el bien absoluto: Dios.

Pienso que esta temática, abordada en sus fundamentos de forma exhaustiva en la obra del Profesor Seifert, debería ser motivo de estudio y análisis en las Facultades de Medicina pues integra los conocimientos empíricos allí aprendidos con la realidad última y razón de ser de esos conocimientos: su aplicación en un ser humano, no un ‘caso clínico’.

La Providencia nos permitió encontrarnos y conocernos personalmente durante unas horas en Granada, junto con su esposa María. Digo esto porque allí nos pudimos conocer tras las múltiples dificultades creadas por ‘gigantes’ cervantinos enviados, sin duda, por ‘malignos magos’ que se disiparon como por arte de encantamiento. Don José y yo, su escudero, pudimos comenzar nuestra primera salida en busca de aventuras y tratando de ‘desfacer’ entuertos el pasado 25 de enero, un día antes del aniversario de tu paso al Padre.

Lunes 25 de enero de 2010. 20:20 horas. Lugar: el ‘castillo’ en el que se hospedaba y que, ‘obstinadamente’, la gente llama Seminario Mayor de Granada, frente a la Cartuja. Un encuentro breve pero intenso y suficiente para determinarnos a unir nuestras fuerzas en la lucha por una medicina más humana, más fiel a sus fundamentos. Él, caballero andante, cuya razón de ser es la de deshacer entuertos en el ámbito de la educación filosófica y yo, fiel escudero que, aunque ocasionalmente manteado y a sabiendas de mis cortas luces, espero poder gobernar algún día una ínsula donde impere una medicina fiel a sus fundamentos.

A partir de entonces fui consciente de que este eminente filósofo había sido puesto en mi camino porque la unión hace la fuerza y porque toda acción requiere un motivo, una guía veraz, bien fundamentada.

¿Cómo era Dietrich von Hildebrand?, les pregunté. ‘Es muy difícil definir a una persona’, me contestó. Realmente, toda definición acota la realidad y la realidad del hombre es inabarcable. Aun así me contestó: ‘Era como un volcán’. Así se define el entusiasmo que es capaz de abrasar y arrastrar a los demás. Ahora comprendo que alguien viese en él un San Pablo de nuestros días.

Dado que hemos comenzado a andar ese misterioso camino, ¡Manos a la obra!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nota: HTML está permitido. Tu dirección de correo electrónico nunca se publicará.

Suscribirse a comentarios

A %d blogueros les gusta esto: