¿Quién tiene derecho?

MINOLTA DIGITAL CAMERA

De nuevo en marcha, en la medida en que el  poco tiempo del que dispongo me lo permite, pero siempre el 26 de enero.

En nuestro país está a punto de aprobarse una ley de plazos que permitirá el aborto libre hasta la 14ª semana. Una sociedad que consiente el aborto es una sociedad enferma, con una ceguera moral que la lleva a su propia destrucción. Pero el ethos social, en última instancia, es expresión de la ceguera o indiferencia individual. Experiencias similares, de error o indiferencia masiva, han pasado serias facturas en otras épocas de la historia y esta no será una excepción.

Además, es intención del partido en el gobierno y de sus socios que pueda llevarse a cabo a partir de los 16 años, en plena minoría de edad y sin consentimiento de los padres. Esto, en términos prácticos, supone la certificación oficial del derecho a matar incluso a una edad en la que ni siquiera se considera a una persona ‘madura’ para votar. En realidad, la destrucción de un ser humano se equiparará a un método anticonceptivo más. Se agotan los calificativos para definir la situación. ¡Cuánta pena y dolor por los cientos de miles de niños no nacidos que van a ser asesinados ante nosotros mientras la vida continua igual!. ¿Qué sociedad puede permitirse semejante infamia, por hablar sólo en términos morales? ¡Esta es la verdadera crisis actual! Al fin y al cabo la otra, la económica, sólo nos puede arruinar.

No podemos admitir que aunque por ceguera mayoritariamente se pudiera estar a favor o, al menos no en contra, pueda ser una decisión correcta. El error no es monopolio de las minorías, también puede afectar a las mayorías: durante siglos se justificó la esclavitud, la mujer fue marginada, los nazis en Alemania ganaron unas elecciones democráticas,… entre otros muchos ejemplos. Las experiencias del pasado deben servirnos para no incurrir en errores similares, especialmente cuando suponen cuestionar la dignidad humana. Esta es la esencia del problema: negar la dignidad de la persona lleva necesariamente, antes o después, a negar el derecho a la vida. De los débiles en primer lugar y de los molestos al ‘sistema’ después.

Que la vida del hombre es sagrada ha sido algo entendido desde siglos. Homo homini res sacra est, el hombre es sagrado para el hombre, afirmaba Cicerón y sólo fue cuestionado ‘oficialmente’ por los totalitarismos materialistas que sitúan al estado, a la nación o a las ideologías por encima de la dignidad humana. El resultado lógico: más de cien millones de personas asesinadas sólo en el último siglo. Los códigos deontológicos médicos, desde Hipócrates de Cos en el siglo V antes de Cristo, han considerado como una aberración ética punible cualquier práctica abortiva. No es una cuestión cultural, por ello la vida humana en todas sus etapas es defendida por todas las civilizaciones y religiones. Las que así no lo hicieron y sacrificaron humanos a sus dioses desaparecieron ahogados en su propia contradicción cuando entraron en contacto con otras. ¿A qué dios se sacrifican hoy estas criaturas? Lo diré claro: al del egoísmo, al de la comodidad, al de la falta de responsabilidad individual e, incluso, al de la avaricia. Si no, que se lo pregunten a los directores de las clínicas abortistas.

Ninguno de los adalides de esta ley puede, sin incurrir en contradicción, reivindicar un mundo en paz. No existe paz sin justicia y no puede haber justicia si se desprecia la dignidad humana. Este es un terrible paso atrás en la lucha por un mundo mejor, equitativo y en paz. Lo desalentador es el grado de irreflexión de quienes proponen y aprueban semejante aberración en defensa de una ideología, de un feminismo antinatural y extremista que, precisamente con este resultado confirma su carácter falso y absurdo.

Como si el derecho a decidir de la mujer se antepusiese al de una criatura, genética y biológicamente diferente, no autosuficiente como tampoco lo es un recién nacido.

¿Quién se otorga el derecho a acabar con la vida de un niño? Porque, en potencia, si no se impide, cada embrión es un niño y tiene su misma dignidad. Si se quiere ir más allá, sin demagogia alguna, en potencia es un hombre o mujer estadista, científico, artista, un trabajador cualquiera, un luchador infatigable por una sociedad más justa, …o un minusválido a quien proteger. Siempre una persona con su carácter individual e irrepetible, con sus sentimientos y vivencias, raíz de su dignidad humana. ¿Quién tiene derecho a sustraerle la posibilidad de experimentar la vida consciente? ¿Quién a evitar que sea amado por si mismo o a dar su propio amor a los demás?¿Quién a impedirle el disfrute de lo bello, a evitar que se conmueva con la audición de la overtura del Fidelio de Beethoven, la contemplación de un atardecer o de una pintura de Van Gogh?

Este hecho es algo tan evidente que para aprobar la despreciable ampliación de la ley del aborto, es necesario argumentarlo con falsedades y llevarlo a cabo, en la medida de lo posible, a escondidas. Esto no es una opinión personal, es un hecho indiscutible. Algunos datos:

  • La ley del aborto nunca ha figurado en el programa político del partido en el gobierno. Obviamente, porque es una medida que puede repugnar a una parte de sus propios votantes al apelar a su conciencia. Han esperado a ostentar el poder para imponerlo. Esto es un claro fraude a las ‘expectativas’ democráticas.
  • Las comisiones de ‘expertos’ están sesgadas por estar constituidas mayoritariamente por personas ideológicamente afines cuyo único objetivo es dar apariencia de consenso a una ley previamente decidida. ¡Qué grado de desprecio y ofensa a la inteligencia de los ciudadanos supone semejante representación!
  • El debate real, con objetividad y equidad, se sustrae a la ciudadanía. No sólo a través de los cauces políticos oficiales sino también a través de unos medios de comunicación mayoritariamente empeñados en no molestar al poder de turno que les sostiene con sus subvenciones.
  • El Presidente del Gobierno, en un programa de televisión, se niega a contestar si un embrión es un ser humano con derechos apelando a que es una materia cuestión… ¡de debate ‘científico’! ¿Es posible semejante ignorancia y falta de criterio?
  • En el mismo programa sostiene que está de acuerdo con la doctrina al respecto del Tribunal Constitucional. ¿Qué dice esta? Pues que según nuestro ordenamiento jurídico el aborto es un delito. Por ello, establece sólo tres excepciones, correspondientes con situaciones límite, en las que se podría considerar legal: grave riesgo para la salud de la madre (físico o psíquico), violación o grave malformación del feto. La única sentencia del tribunal Constitucional, esa que dice respaldar nuestro presidente, establece lo contrario de lo que se pretende con la nueva ley. Sin comentarios.
  • Nuestro Sistema Nacional de Salud dispone de recursos necesarios para llevar a cabo el aborto en los excepcionales supuestos referidos. A pesar de ello, los datos son inequívocos: el 97% de los abortos se llevan a cabo apelando al riesgo psíquico (el menos objetivo) de la madre y el 98% se realizan en centros privados. Obviamente, porque la mayor parte de ellos están realmente fuera de los supuestos legislados y confirmados por nuestro tribunal Constitucional
  • Naturalmente, la lógica empresarial, perversamente deshumanizada, lleva a  tratar de aumentar la producción reduciendo costes para así incrementar los beneficios. Por ello, se realizan abortos en todas las etapas de la vida intrauterina; con frecuencia, el personal no dispone de la cualificación mínima necesaria; se han constatado informes psiquiátricos firmados de antemano; los restos de los embriones y fetos, son triturados antes de hacerse desaparecer por los desagües, etc. ¡Que monstruosa analogía de estas etapas con el asesinato sistemático llevado a cabo en los campos de exterminio! Y es que siempre que se realizan prácticas que repugnan a las conciencias bien formadas no queda más remedio que intentar hacerlas a escondidas y procurando no dejar pruebas.
  • Las autoridades sanitarias autonómicas están obligadas al control de estas situaciones mediante inspecciones periódicas. A pesar de ello, tienen que ser las fuerzas de seguridad del Estado, en respuesta a denuncias de particulares, las que pongan de manifiesto las actividades delictivas que en ellas se llevan a cabo.
  • Los delitos de las clínicas abortistas se permiten y hasta se financian indirectamente mediante la concesión de conciertos públicos de otros procesos que permiten balances adecuados de su cuenta de resultados y, con ello, su subsistencia. Y esto… ¡en cualquier Comunidad Autónoma!
  • Cuando se descubre que alguna clínica privada lleva a cabo estas acciones fraudulentas y criminales, tras el impacto de la noticia inicial, rápidamente desaparece del plano de la actualidad… porque no es políticamente correcto significarse.

¿Qué nos está ocurriendo? ¿Cómo es posible semejante fraude de ley masivo políticamente tolerado? ¿Permitiríamos una situación de fraude similar si se refiriese a otra materia como la gestión de fondos públicos?

Quien todo esto denuncia es alguien que, por su profesión, conoce que el ser humano en situación de indefensión (enfermedad física o psíquica, abandono familiar, etc.) es especialmente susceptible de atentados contra su dignidad en aras de supuestos derechos como, por ejemplo, el del ‘progreso de la investigación científica’. En este sentido, parece ser que el gobierno también quiere legislar acerca de la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios. No tienen ninguna posibilidad conmigo ni con otros muchos ¡Ninguna autoridad en la tierra es capaz de obligarme a ceder en materia de conciencia! ¡Nunca acataré una ley que me obligue a atentar contra la dignidad del ser humano porque es atentar contra mi propia esencia y la de mis semejantes!

No podemos permanecer indiferentes. ¡Es momento de decir basta de atrocidades en el supuesto nombre de una sociedad desarrollada!¡Basta de mentiras!¡ Basta de eslóganes artificiales y vacuos, exentos de racionalidad y de sentimientos!¡Basta de corromper la democracia utilizando sus resortes para el engaño masivo y la imposición de ideologías que, como todas, son pasajeras! Es necesario oponerse con todas las fuerzas a estas aberraciones sobreponiéndose al esfuerzo y cansancio que produce el trabajar contracorriente. Es una causa noble y no estamos solos.

¡Que encomiable, luminosa y esperanzadora es por tanto la labor de todos aquellos que luchan contra esta injusticia desde agrupaciones como Derecho a vivir, entre otras muchas ! Y, con ellas, la Santa Iglesia Católica, siempre del lado de la vida, don de Dios al hombre hecho a imagen y semejanza Suya.

No podemos olvidar aquellas palabras que atraviesan los tiempos y que encuentran sentido precisamente en estas circunstancias, ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados’.

Autor: bernardinominana

Padre de familia, médico urólogo